Preludio a las Conversaciones con el adentro y el afuera de los cuerpos

 Introducción y descarga:

Antes que nada debo decir que no me gusta filmarme. Mis redes sociales deprimen al más expertx voyeur. Tampoco filmo. Voy a muchos lugares, museos, países, ciudades, teatros, parques, paisajes, pero nunca filmo nada. No es una posición de rebeldía a esta tendencia exacerbada de registrar ante una lente lo vivido. Es simplemente que lo vivo y me olvido de filmar. De hecho, en algunas ocasiones me arrepiento de no haber tomado alguna fotografía, pero después reconozco que sólo ocuparía lugar en la memoria de mi celular porque nunca vuelvo a ellas. Sí hay un ejercicio que me gusta mucho hacer cuando no puedo conciliar el sueño. Vuelvo con mi mente a lugares que me gustaron o que dejaron alguna huella en mis recuerdos. El trayecto desde que me bajaba del colectivo hasta la puerta del estudio de danza al que iba cuando era pequeña suele ser un recorrido al que solía volver, incluso dura hasta el día de hoy, que siendo adulta retomé las clases de danza en el mismo lugar y camino las mismas calles. No se disolvió la magia. Recuerdos son recuerdos, rediseño del plan urbanístico del barrio es… eso.

Desarrollo y edición:

Recordar siempre se me dio de adentro hacia afuera. No se disparan por estímulos externos, sino que busco partir de imágenes mentales, sensaciones u olores que pierden potencia al describirlas con palabras. Espasmos, un retorcijón de panza, un temblor en la garganta, latidos en la sien, sarpullido en el codo y picazón. El adentro del cuerpo, portador de memorias que se contactan con el afuera cuando atraviesan el umbral de la piel y erupcionan o vibran en los pliegues vocales y se vuelven voz. Claro que hay veces que olores, músicas, imágenes del afuera me conectan con recuerdos, no soy tan distinta al resto. 

Mientras pensaba en este texto, pensaba en este ejercicio, ¿qué filmar? ¿cómo hacerlo? ¿cómo sortear todo lo que me pasa hacia adentro cuando me filmo? Leer siempre me sirve. De casualidad leo:

“Recorrí Jalchatra de arriba abajo sin encontrar el lugar en el que enterraba los cadáveres. Los leprosos menos graves se paseaban. Su estado daba que pensar respecto a los que estaban más enfermos. Un hombre sentado en el suelo no tenía nariz, en su lugar, un enorme agujero permitía ver su cerebro. Me acerqué a hablar con él. Con algunas palabras de bengalí, me dijo que no entendía el inglés. Su cerebro se agitaba cuando hablaba. Aquella visión me dejó estupefacta: el lenguaje era cerebro en movimiento.” En, Biografía del hambre de Amelie Nothomb.

Saco la vista de la novela y recuerdo lo que expone Christine Greiner en la introducción del capítulo La visibilidad de la presencia del cuerpo como estrategia política, en el que da cuenta de que los estudios corporales de Occidente se hicieron sobre cuerpos muertos, inertes a diferencia de los de Oriente que observaron los cuerpos vivos, en movimiento. Si bien, entiendo que no es una comparación crítica en la que pretende hacer valer un modo de conocer el cuerpo sobre otro, sí destaca sobre los saberes que se obtienen al estudiar los cuerpos vivos, sobre todo respecto al movimiento. Qué hermoso y escalofriante sería ver un cerebro en movimiento, sin necesidad de una aparatología que transforme en signos visuales digitales cómo, cuándo y con qué intensidad se piensa, o en qué lugar del cerebro se mapea determinado recuerdo.

La curiosidad está en mi ADN. Entonces, por un instante pongo a mis espectros a tomar el té y me-los filmo para ver si de alguna forma que no sea en un consultorio atada a cables o dentro de un resonador magnético puedo detectar en mi cuerpo, cómo recuerdo mis pasos hacia el estudio de danza. Cómo el adentro busca vías para conectarse con el afuera y en ese lugar liminal, transformarlo en palabras que describen esos negocios, casas, esas formas y colores. 

Ya tengo el plan de acción. Salgo a Ia plaza, intento filmarme pero mi perra se entromete. Llora pidiendo que no me vaya demasiado adentro y me olvide que ella está a mi lado. Pienso en las citas de Merleau-Ponty que recupera Josefina Alcazar en su capítulo El cuerpo como noción cultural. Sobre todo el que habla de la resolución corporal de la intersubjetividad. Un cuerpo cubierto de pelos negros, posado en sus cuatro patas late al lado mío. Le pido que me deje hacer el trabajo, no se lo pido, me dispongo a hacer el trabajo entonces ella lo entiende, por el momento no será el centro de atención, pero no se resigna, la vida y el juego está del otro lado de la pantalla del celular que me está reflejando y se va al pasto para refregarse, ella capta olores que yo no, se perfuma del espacio. Miro a cámara y descubro una vena hinchada. El recorrido que traza en mi frente hacia la punta de la ceja. El pelo se mueve y me hace saber que hay viento. Unas chapas se golpean, mi perra se acerca, la vena se hincha un poco más, yo me río, pero así agachada aumenta la presión en mi cabeza y la vena vuelve a hincharse. 

Soy carne que piensa. Soy venas con sangre venosa hinchadas. Soy la compañera de mi perra que le dice que no va a jugar con ella. Me angustio, me avasalla la imagen que veo de mi cara en la pantalla y pienso que tendré que ver esa imagen varias veces más para editar el video y entregarlo. Los ojos se me salen del cuerpo para mirarme desde afuera. No me gusta esa sensación. No quiero volver a tenerla. Pongo pausa al video. Dos mujeres se me acercan. ¿Te sentís bien? Me preguntan. Sí, gracias, estoy bien. No sabíamos si te pasaba algo, te vimos ahí mirando al piso y a tu perrita sentada al lado tuyo y nos preocupamos, ellos siempre se dan cuenta de todo. Estoy muy bien, gracias por acercarse a preguntar. 

Me levanto del suelo, me sacudo la tierra de las rodillas, mi perra se pone contenta y me trae un palito para jugar, se lo lanzo un par de veces y sonrío. 

Esto no es de lo que quiero hablar. Pero qué feliz me hizo que hubiera pasado. Se destraban ideas que ya tenía de antes. ¿Podría pensarlo como un ejemplo de la resolución corporal de la intersubjetividad? No lo sé. Lo dejo para más adelante. Ahora queda por reirme un poco más del registro de la propia imagen corporal. Salir de la idea del control, de la reducción de la experiencia del cuerpo en el mundo, del despertar de la memoria corporal y enmarcarla en un tiempo definido por cronómetro y un espacio de 16:9. Quiero captar memorias corporales, instantes de erupción del adentro hacia el afuera, cerebros moviéndose al hablar, intestinos que recuerdan. La nueva tecnología ofrece el HD como promesa, como transparencia y no hace más que opacar y limpiar cosas que no están sucias. Pero yo quiero hacer videos fuera de foco, el cuerpo pintando campos de color en el espacio, espectros del movimiento. Voces que se quiebran, con mucosidad, respiraciones audibles. Roce de la piel, tintineo de aros, telas que suenan. Eso es lo que quiero hacer, videos que capten el momento y el espacio en el que el adentro se pone en contacto con el afuera.

Conclusión y renderización:

Hay una idea que me ronda en la cabeza desde que cursé una materia de antropología que tenía como optativa en la carrera de artes. En ésta nos explicaban sobre las distintas corrientes para hacer análisis de narrativas de lxs informantes en comunidades. La transcripción de esas entrevistas me pareció siempre limitante, imperialista y estigmatizante. Los audios se captaban mientras realizan un recorrido en la montaña. Las oraciones se transcribían literales, entrecortadas, llenas de puntos suspensivos, pero las preguntas no. Habían sido pensadas de antemano. Esos puntos suspensivos, oraciones fugitivas de la gramática no sólo transmitían información sobre la problemática campesina que lx investigadorx quería abstraer, para mí, esos textos salían de cuerpos que caminaban por la montaña, que hacían un esfuerzo para dejar de ser montaña y transformarse ante lxs apropiadorxs en lxs verdaderxs dueñxs de la tierra para explicarles que no podían comprarlas, explotarlas y mucho menos echarlxs de ahí.

A partir de estas reflexiones, decido que mis entrevistas o conversaciones sea como investigadora, sea como acopio de artista para la composición de obras, serán a los cuerpos de las personas. Aquello que me interesa está en el momento liminal en el que el adentro busca emerger a la superficie y se erizan los vellos, se hinchan las venas o laten las sienes.

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