Gracias universidad pública en artes

Estoy chocando bastante. Con el afuera, con los adentros de otras personas, con las superficies de los cuerpos y reboto. Sin embargo, cada vez más siento / percibo que lo que hago artísticamente, expresivamente, tiene que ver con una reflexión sobre el cuerpo vivo. 

Las ideas estaban claras antes de anotarme en la maestría, me anoté por eso de hecho. Porque quiero investigar, o abrir espacios-tiempo para investigar desde la praxis, sobre el cuerpo que se mueve, siente, expresa y archiva. Es amplio, lo sé. Me critican bastante por eso, pero eso pasa cuando te zambullís a investigar. Respeto este momento de abarcar lo inabarcable, la frustración al darme cuenta de no poder hacerlo, poner el cuerpo y bajar a la realidad. Salir del mundo abstracto tiene eso. Hay un tiempo y espacio material, más allá de los espectrales que se puedan generar o que ya están ahí y me encanta ese choque. Es en esa acción de choque donde quiero estar. 

A partir de los trabajos en los laboratorios de la maestría y el que me anoté de manera privada hace poco, estoy pudiendo poner afuera ideas, manipularlas, tensarlas, descartarlas y retomarlas. Entender algo respecto a mis tiempos de creación que no suelen coincidir con la ansiosa productividad del mercado del arte y tardé muchos años en que no hicieran mella en mi imaginario creativo. Me doy cuenta que soy insoportable por momentos y creo que estoy desubicada en muchos grupos. No es excusa, pero sí me doy cuenta de que lo que busco en esos espacios va por fuera de lo que ofrecen. Estar con gente. Salir de la soledad y la condición de hermitaña que tanto conozco. Puedo crear en soledad, pero mi arte necesita de la mirada externa de un público, no de un juez o curador. Ese fue otro hallazgo de estos días. Aunque reconozco que me gustaría vender obra, exponerla en espacios de circulación, pagar algunas de mis cuentas con arte, todavía me peleo con esa condición o costado de artista en el capitalismo (neoliberalismo) Hasta Da Vinci vendía su alma y eso no impidió que sea uno de los grandes buscadores que me interpelan, me activan y conmueven. 

Tal vez sea más bien, no camouflar el lado b con el a. El a tiene la motivación, la pulsión, impulso y placer de la acción, materialización, investigación. Pero el lado b es poder gestionar las oportunidades para hacerlo. No me banco el mecenazgo porque hoy es producir para las empresas, sí me banco vender cierta parte de mi alma a la industria cultural. Trabajar en doblaje, ir a castings de publicidad, dar clases en escuelas privadas. Pero si desde el momento cero pienso en hacer obra para ser vendida hay algo adentro que se me rebela, se innhibe incluso. Corto el chorro creativo. Mi creatividad no la quiero puesta al servicio de mecenas, marcas o corporaciones. Tal vez suene naif o infantil, pero hoy me está pasando esto. No me interesa ser una renegada que esté por fuera del sistema. Pero entrar de ese modo a la circulación no creo que me sume en nada. 

Hace muchos años quise entrar y no pude. Por gorda, por pendeja, por inexperta, por los motivos que siempre me dije, pero hoy me doy cuenta de que no entré porque no buscaba en entrar y tener que caretear una religiosidad, una devoción por el sistema. No era por el dinero aunque lo necesitaba y mucho. El dinero lo encontré en los márgenes, fuera de cámara, abajo del escenario, atrás de un micrófono. Esos trabajos fueron los más maestros de todo hasta el día de hoy. Hacer la carrera teórica me permitió ponerle palabras, entender, sistematizar y despersonalizar. No era personal aunque lo viví así. No es que yo no sirvo, no es tan ególatra el mercado, es que yo no busco entrar al mercado y bailar a su ritmo. Como diría Benjamin, cuestiono constantemente el sistema pseudo religioso que separa las cosas, para volverlo todo mercancía. Pero estoy acá metida. Hago doblaje, leo en voz alta marcas y grabo audiolibros para ser vendidos a otros mercados. Ojalá pudiera encontrar el modo, como dice Lepecki de hacer en y en contra del neoliberalismo. El propone bailar como locos, pero en esa locura no veo más que alienación. Lo que parece locura, termina siendo lo que te fetichiza en el sistema. El artista ido de la realidad pero cobrando en usd. El artista que expropia expresiones ancestrales y las vende como propias en congresos de pensamiento decolonial. El teórico que reflexiona y embellece con palabras bien articuladas piezas que fueron hechas a desgano.   

No tengo respuestas de nada, pero sí se me va armando mi segunda colección. Sigo pensando en mi hacer artístico como una tríada de obra, piezas audiovisuales o visuales (fotoperfo) perfos en vivo, conferencias performativas. De todo este enojo, frustración contenido, incapacidad para generar ingresos estables está saliendo una segunda colección. 

Gracias universidad pública. 

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