La reflexión sobre mi cuerpo es mi investigación en artes

Empecé una clínica para artistas. Exploración de materiales, imaginario, sensaciones a partir de un texto escrito con las palabras que mis compañeras me regalaron a partir de apreciar (o despreciar en mi caso) los objetos que llevó cada una. 

Salió un texto muy oscuro, abservente, áspero. Me da escalofríos como cuando toqué la piel de una rana y una serpiente siendo muy chica. La vida fría. Áspera. Condicionada a mis expectativas y cargada de sorpresas. 

Decidí quedarme con este texto. Hay algo de mi propia oscuridad, mi relación con la vida-muerte o muerte-vida que puja por salir de adentro mío. Estoy preparada. Quiero darle espacio y materializarlo sea en el formato que sea. Que lo decida el mismo proceso. 


En el devenir de las clases, me achiqué, me metí para adentro y me perdí. Suelo perderme cuando me quedo quieta. A veces, a las personas con las que comparto los espacios creativos suele pasarle diferente, necesitan la pausa para encontrarse. Yo vivo en el movimiento. Por eso necesito vivir cerca del río. 

Me perdí en la quietud y me dejé perder. Oscurecer. Habitar ese espacio tiempo peculiar que esta actividad me trajo. Y apareció lo que sabía que venía dando vueltas en mi imaginario instrumental. Trabajar con basura. Lo trash, lo punk, lo do it your self, pero no tanto por la estética, sino por los modos de producir. 

Trabajar con la basura me hace sentirme parte de algo. De un ciclo inevitable que es la vida-muerte-vida. Usar materiales en descomposición, es un poco proponer un suspenso en el ciclo. Antes de la muerte y transformación en nueva vida, propongo sacarlos del circuito y presentarlos como arte. Tal vez esto sea lo que realmente siento con mi arte y mis búsquedas artísticas o formas de estar en esta vida. Darme el lujo de salirme del camino un ratito. Un instante, suspenderme en el éter-arte imaginario, en lo intangible material y ofrecer(me) sentirme rara avis. 

Procuré salirme de la búsqueda que se inició en la maestría respecto a la fotoperformance. Pero de nuevo, el trabajo con estas materialidades me exige prestarle atneción a la documetación del proceso. Hay una expertice que se desarrolla por el trabajo con materiales considerados de desecho. Un conocimiento tan inútil como los cuidado paliativos. 

El trabajo con las cáscaras de mandarina un poco viene a cuenta de que en esta casa donde estoy (intentando) viviendo no puedo tener compostera. No me gusta mezclar la basura pero las veces que intenté separarla se llenó de moscas las cocina con la consecuente incomodidad y mugre que ellas traen. Para mi próxima casa manifiesto un lavadero abierto donde compostar. 
Además el trabajo con la comida, ya que con estos períodos de estrés que estoy atravesando este año, dejo de comer y las mandarinas siempre me rescatan. Además de gustarme mucho, me hidrato cuando me olvido de hacerlo con agua y su perfume me convoca. 

Pienso en lo que un compañero de trabajo siempre decía respecto al perfume. Olor a pobre. Y la verdad que en este grupo de la clínica y en esta casa y estos dos últimos años, me siento pobre. No puedo moverme de mi clase social y por las políticas de empobrecimiento del actual gobierno, descendí de escala social. Soy clase media baja. No puedo tomarme vacaciones, ni siquiera pensar en pausar el trabajo una semana para ir a vacacionar a algún otro lugar. Este verando llegué al punto de hacer tres comidas diarias porque no me alcanzaba para hacer cuatro. Todo esto porque quiero seguir trabajando como actriz y actriz de doblaje y forjar mi carrera como artista-investigadora. Es un sacrificio muy grande el que estoy haciendo, pero sé que si lo dejo para los momentos de ocio, nunca voy a poder desarrollar mi cuerpo de obra. 

Retomo. Dije cuerpo y por eso retomo. Ser clase media baja tiene esto. Me saca de lo que estoy haciendo mi realidad económica y retomar es una decisión política y un acto de valentía. Confiar. 

La profesora me propuso no ir a lo figurativo. Lo intenté, pero me sentía atada. En un callejón sin salida. Volvió la idea de la fotoperformance y la máscara. Nunca se fue, no sé porqué digo volvió. Digamos, me empoderé y la retomé. Y al sacar fotos al proceso, le compartí un par a S y sólo salió un texto muy breve. La reflexión sobre mi cuerpo me sigue convocando. Y ahí entendí porqué sigo sosteniendo la maestría. Por qué me cuesta tanto. Por que estoy en el lugar incómodo que quiero estar. Mi cuerpo es mi instrumento en el lenguaje artístico elegido por siempre. Quiero salirme de él pero vuelve en otro formato. La fotoperfo se me instaló como nuevo escenario. Me gusta, me estimula, me divierte incluso. Me despierta adrenalina y a la vez ganas de compartir.




Entradas populares de este blog

Hay huecos en mi historia - recuerdos de la performance en vivo #1

Taumátropo o Traumátropo?

La neurosis tiene disfraces insospechados